Written by 4:35 pm Inmobiliaria

¿Cuándo es mejor alquilar que comprar una casa?

Es la eterna cuestión: ¿Compramos o alquilamos? Ambas opciones tienen sus ventajas o deventajas que es preciso analizar a la hora de tomar una decisión sobre cómo será nuestra vía financiero-inmobiliaria.

Las ventajas del alquiler de pisos o apartamentos

Algunas personas no dudan en afirmar que pagar un alquiler «es tirar el dinero» porque se está financiando la compra del inmueble por parte de un tercero, y que cuando se abandona la posesión del inmueble no queda nada en propiedad.

Sin embargo existe una serie de ventajas indudables, como es por ejemplo el de la movilidad que permite no estar atado a un inmueble y poder disponer de una casa en la localización adecuada para cada momento. Es fundamental para aquellas personas que aún no tienen su carrera profesional formada, y por tanto están sujetas a cambios de lugar en sus trabajos.

Otra de las ventajas es no tener que hacer frente a los impuestos de compra y de propiedad. Según países, estos pueden ser elevados por el mero hecho de ser propietario. Además, hay que hacer frente a obligaciones como las reparaciones, cuotas de comunidad o condominio, seguros o responsabilidades respecto a terceros.

El alquiler en muchos casos permite ser desgravado fiscalmente, además de que algunas empresas financian la renta de sus empleados, dependiendo de las condiciones contractuales pactadas. Esto es más común cuando las compañías pretenden incorporar algunos tipos de talento escasos en el mercado.

Entre las desvantajas del alquiler destaca, además de no adquirir el inmueble para el futuro, la inestabilidad de mercado. En este sentido, se depende los vaivenes del mercado, de las condiciones legales y de la disponibilidad futura de inmuebles a nuestro gusto.

Ventajas de comprar una vivienda

Las ventajas de la propiedad se centran en dos obvias: sirve como ahorro y procura estabilidad. La primera, la del ahorro, suele proporcionar réditos más elevados que los tipos de interés que proporcionan los depósitos bancarios. Asimismo, es una garantía para el futuro: el inmueble se va pagando poco a poco, o al contado si se dispone de suficiente cash, y se cuenta con una estabilidad que no proporciona la opción del alquiler.

Hay que sumar además las ventajas fiscales que algunos estados otorgan a esta vía de acceso a la vivienda.

Entre las desventajas a la hora de comprar un inmueble financiado destaca que los bancos no suelen financiar el 100% de las necesidades, y por consiguiente, hay que contar con una importante cantidad de dinero, no solo para completar el pago, sino también para los gastos iniciales de una propiedad.

Todo depende de los tipos de interés

Si se compara en el corto o medio plazo, sin tener en cuenta que el inmueble en el caso de la propiedad, una vez pagado, tiene cuota cero de hipoteca, hay que tener en cuenta los precios de alquiler frente a las cuotas de hipotecas.

Es cierto que no es una comparación por igual, porque los pisos ofertados en alquiler no gozan en muchas ocasiones de un estado de conservación comparable a los que se tienen en propiedad, bien porque los propietarios no invierten tanto por no merecerles la pena añadir gastos o bien porque el repetido uso por personas extrañas lo van deteriorando de forma paulatina.

Salvando esta obviedad, todo depende de los tipos de interés imperantes en cada momento. Si la cuota de interés que piden los bancos por la hipoteca es baja, la brecha entre alquiler y compra financiada será baja, y por tanto merecerá la pena adquirir la casa en propiedad. Al contrario, el alquiler será la vía más aconsejada. Esto es, en igualdad de condiciones siempre que no nos importe la movilidad futura.

En este artículo del New York Times se detaca la brecha considerable en ciudades como Nueva York o o San Francisco superiores a los 1200 dólares mensuales, tomando las medias de ambas vías. Cierto es que estamos hablando de alquileres medios de alto valor como son los solicitados en ciudades críticas.

Sea como fuere, a la hora de decidir, hay que ponerse a calcular necesidades y posibilidades.

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